domingo, 20 de septiembre de 2009

DECALOGO PARA LEER LA BIBLIA.

“Leálo y Reflexione” Francisco Jiménez Fermin.

DECÁLOGO PARA LEER CON PROVECHO LA BIBLIA

Esta columna reproduce conceptos del Biblista Mexicano Mons. Mario de Gasperín, Obispo de Querétano, contenidos en su "Decálogo para leer con provecho la Biblia", que compartimos con nuestros lectores: “1. Nunca creer que somos los primeros que han leído la Santa Escritura. Muchos, a través de los siglos la han leído, meditado, vivido y transmitido. 2. La Escritura es el libro de la comunidad eclesial. Su lectura, aunque sea a solas, jamás podrá ser en solitario. Para leerla con provecho, hay que insertarse en la gran corriente eclesial que conduce y guía el Espíritu Santo. 3. La Biblia es "Alguien". Por eso se lee y celebra a la vez. La mejor lectura se hace en la Liturgia. 4. El centro de la Santa Escritura es Cristo; por eso, todo debe leerse bajo la mirada de Cristo, Él es la clave interpretativa de la Santa Escritura. 5. Nunca olvidar que en la Biblia encontramos hechos y dichos, obras y palabras íntimamente unidas unas con otras; las palabras anuncian e iluminan los hechos, y los hechos realizan y confirman las palabras. 6. Una manera práctica y provechosa de leer la Escritura es comenzar con los santos Evangelios, seguir con los Hechos y las Cartas e ir entreverando con algún libro del Antiguo Testamento: Génesis, Éxodo, Jueces, Samuel, etc. No querer leer el libro del Levítico de corrido. Los Salmos deben ser el libro de oración de los grupos bíblicos. Los profetas son el "alma del Antiguo Testamento: hay que dedicarles un estudio especial. 7. La Biblia se conquista como la ciudad de Jericó: dándole vueltas. Por eso, es bueno leer los lugares paralelos. Es un método entretenido, pero muy provechoso. Un texto esclarece al otro, según aquello de San Agustín: "El Antiguo Testamento queda patente en el Nuevo y el Nuevo está latente en el Antiguo". 8. La Biblia debe leerse y meditarse con el mismo Espíritu con que fue escrita. El Espíritu Santo es su autor principal y es su principal intérprete. Hay que invocarlo siempre antes de comenzar a leerla y al final, dar gracias. 9. Nunca debe utilizarse la Santa Biblia para criticar y condenar a los demás. 10. Todo texto bíblico tiene un contexto histórico donde se originó y un contexto literario donde se escribió. Un texto bíblico, fuera de su contexto histórico y literario, es un pretexto para manipular la Palabra de Dios. Esto es tomar el nombre de Dios en vano.

Si para los cristianos de otro credo la Biblia es todo, para los cristianos católicos es bien importante, más no es todo, y la leemos y comprendemos con humildad y disposición, y además oímos la palabra bíblica en las Misas, en las lecturas de pasajes del A.T y del N.T hechas por los fieles, como en las lectura del evangelio hecha por el Sacerdote. El católico que oye misa completa, con atención, oración y silencio, recibe educación cristiana. Recordar que Pedro en su Carta II 1-20 nos dice: Ninguna profecía es para que la interprete cada uno como le parezca, y en 3-16: afirma " Muchos tuercen el significado de la santa escritura por ponerse a interpretarlas ellos mismos ". Toda Biblia es buena, con la interpretación científica que da el Magisterio mediante la exégesis y la hermenéutica, procura siempre leerla y busca los textos autorizados por la jerarquía de la Iglesia. El Magisterio de la Iglesia contiene material trascendente a disposición del pueblo de Dios, que debe ser leído con atención y fe, para cumplir con sus recomendaciones y ser cristianos a la manera de Cristo.

SEPT 2009.