viernes, 9 de noviembre de 2012

año de la fe CRE



“Léalo y Reflexione”                                                                Francisco Jiménez Fermín
CREO EN DIOS PADRE TODOPODEROSO
Con la confesión que el cristiano hace en el Santo Sacrificio de la Misa, manifiesta ante el mundo: “ CREO EN DIOS”. La Iglesia Universal en el Concilio de Nicea en el año 325 dejó como dogma el Credo de los Apóstoles, que conocemos como el Credo corto, y en el Concilio de Constantinopla del año 381confesamos  nuestra fe con el llamado Credo largo. Hoy las autoridades de la Iglesia católica encabezadas por el Papa Benedicto XVI, decidieron decretar en la Iglesia  el AÑO DE LA FE, que iniciamos con el Sínodo de los Obispos el 11 de octubre de este año y concluirá con éxito el 24 de noviembre del 2013 con la fiesta de Cristo Rey. Las razones  de esta iniciativa son muchas, pero  especialmente la principal es provocar una Gran Jornada Mundial por Cristo, ante el avance del Relativismo de estos tiempos y el Secularismo, que llevan a la población a vivir sin importarle Dios o como si Dios no existiera, este es el gran reto de la cristiandad mundial: volcar los corazones hace el Creador, el Hacedor universal, sin el cual nada ni nadie podrá existir.
            Si cualquier creyente se preguntara que hará en esta jornada, la cual está dirigida a los cristianos bautizados que viven con tibieza la doctrina, que cumplen con Dios y con su Iglesia a medias, a su manera, que dan los mínimos esfuerzos, solo para cumplir con la ley, olvidando la caridad, el amor y las obras de misericordia para con Dios y el prójimo y que la Iglesia ha llamado la Nueva Evangelización, que incluye en primer lugar una formación doctrinaria de calidad y duradera, un compromiso para siempre, una conversión continua hasta la muerte. La mayor y mejor formación no podrá ser egoísta, solo para la persona, sino debe ser compartida, colectiva y global, de tal manera que el AÑO DE LA FE se prolongue por tiempo indefinido, al convertirte por el resto de tus días en un evangelizador.
            Los católicos bautizados a quienes está dirigida esta actividad deberán conformar un ejército de hijos de Dios, que trabajen con denuedo, como misioneros de la palabra, cumpliendo las directrices del Vaticano, la Conferencia Episcopal Venezolana, la Diócesis de Margarita y las parroquias. Que no quede organización por pequeña que sea, movimiento de apostolado,  asociaciones de fieles, grupos de oración que dejen de participar y producir iniciativas comunitarias. El núcleo principal ha de ser la familia, que acepta con amor y decisión el reto de la nueva evangelización.
            La oración que es el alimento del espíritu, será el arma espiritual contundente en esta lucha. Ejerzamos presiones para que se realicen reuniones, convenciones, retiros espirituales. Convoquemos las asambleas de laicos y del clero para la presentación de temas comunes a la nueva evangelización.  Vamos a demostrarle al mundo que Dios vive y Reina, que su Espíritu está presente. Pidamos entusiasmados sus dones y  fortaleza. Usemos las redes sociales y los medios de comunicación para el éxito de esta jornada.      OCT 2012.

Año de la fe



“Léalo y Reflexione”                                                                 Francisco Jiménez Fermín           
VADEMÉCUM DEL CATECISMO
            La Palabra vademécum procede de las raíces latinas: VADE (anda,ven) y MECUM (consigo) es una obra escrita que contiene las nociones más importantes sobre un tema determinado. Es, pues, un compendio que se ha llamado VADEMECUN del catecismo de la Iglesia Católica, y que el Papa Benedicto XVI presentó a la Iglesia Universal, y contiene en forma concisa, todos los elementos esenciales y fundamentales del mismo, con el fin de constituir, como lo había propuesto el Papa Juan Pablo II,  en una especie de Vademécum, que lleve a las personas, creyentes y no creyentes, a escoger conjuntamente, todo el panorama de la fe católica.
            El Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) fue promulgado por el Papa Juan Pablo II en 1992, y se hizo necesario promulgar un Compendio del mismo, el cual fue realizado por el actual Papa Benedicto XVI el 28 de junio del año 2005, en el primer año de su pontificado; en esa oportunidad se nos dijo: “Entrego  con confianza este compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, a la Iglesia entera y a cada cristiano en particular, para que por medio de él, cada cual pueda encontrar, en este tercer milenio, nuevo impulso para renovar el compromiso de la Evangelización y Educación de  la fe, que debe caracterizar a toda la comunidad eclesial y a cada creyente en Cristo de cualquier edad y nación.”
            Este compendio que cada uno de nosotros debe llevar consigo en el día  a día, igual que el Catecismo de la Iglesia Católica se articula en cuatro partes: La primera “Profesión de fe”, es la síntesis de la Lex Credenti, es decir la fe profesada  de acuerdo a lo establecido en los Credos, tanto el corto como largo, aprobados en los Concilios de Nicea año 325 y Constantinopla año  381. La segunda parte, que es la celebración del misterio cristiano, es la síntesis de la Lex Celebrandi, donde el anuncio del Evangelio encuentra su respuesta en la vida sacramental. La tercera parte se refiere a la Vida de Cristo, Lex Vivendi, es decir el compromiso de los bautizados para manifestar en sus conductas y decisiones fidelidad a Jesucristo, para realizar las obras que se correspondan con la dignidad de Hijos del Padre, en la caridad del Espíritu Santo. La cuarta parte se refiere a la Oración cristiana, Lex Orandi, es decir la vida en oración, de la que es expresión privilegiada el Padrenuestro.
            Este año de la fe debe ser aprovechado  para que con este vademécum que andamos satisfaga el  hambre de la verdad de los fieles de toda edad y condición. Me permito sugerir que se provean a la Diócesis del mismo, lo que contribuirá en mejor y mayor formación del creyente. Pedimos que se produzca un programa con ese objetivo, y se decida la impresión de miles de ejemplares, se produzcan conferencias, foros y diálogos sobre el mismo, que nos obligue a tener a mano este instrumento para la evangelización de los bautizados con fe tibia y decaída, corroída por el relativismo y el secularismo de estos tiempos, con la seguridad que se producirán abundantes frutos para la gloria de Dios.   NOV 2012.


“Léalo y Reflexione”                                                                 Francisco Jiménez Fermín           
VADEMÉCUM DEL CATECISMO
            La Palabra vademécum procede de las raíces latinas: VADE (anda,ven) y MECUM (consigo) es una obra escrita que contiene las nociones más importantes sobre un tema determinado. Es, pues, un compendio que se ha llamado VADEMECUN del catecismo de la Iglesia Católica, y que el Papa Benedicto XVI presentó a la Iglesia Universal, y contiene en forma concisa, todos los elementos esenciales y fundamentales del mismo, con el fin de constituir, como lo había propuesto el Papa Juan Pablo II,  en una especie de Vademécum, que lleve a las personas, creyentes y no creyentes, a escoger conjuntamente, todo el panorama de la fe católica.
            El Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) fue promulgado por el Papa Juan Pablo II en 1992, y se hizo necesario promulgar un Compendio del mismo, el cual fue realizado por el actual Papa Benedicto XVI el 28 de junio del año 2005, en el primer año de su pontificado; en esa oportunidad se nos dijo: “Entrego  con confianza este compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, a la Iglesia entera y a cada cristiano en particular, para que por medio de él, cada cual pueda encontrar, en este tercer milenio, nuevo impulso para renovar el compromiso de la Evangelización y Educación de  la fe, que debe caracterizar a toda la comunidad eclesial y a cada creyente en Cristo de cualquier edad y nación.”
            Este compendio que cada uno de nosotros debe llevar consigo en el día  a día, igual que el Catecismo de la Iglesia Católica se articula en cuatro partes: La primera “Profesión de fe”, es la síntesis de la Lex Credenti, es decir la fe profesada  de acuerdo a lo establecido en los Credos, tanto el corto como largo, aprobados en los Concilios de Nicea año 325 y Constantinopla año  381. La segunda parte, que es la celebración del misterio cristiano, es la síntesis de la Lex Celebrandi, donde el anuncio del Evangelio encuentra su respuesta en la vida sacramental. La tercera parte se refiere a la Vida de Cristo, Lex Vivendi, es decir el compromiso de los bautizados para manifestar en sus conductas y decisiones fidelidad a Jesucristo, para realizar las obras que se correspondan con la dignidad de Hijos del Padre, en la caridad del Espíritu Santo. La cuarta parte se refiere a la Oración cristiana, Lex Orandi, es decir la vida en oración, de la que es expresión privilegiada el Padrenuestro.
            Este año de la fe debe ser aprovechado  para que con este vademécum que andamos satisfaga el  hambre de la verdad de los fieles de toda edad y condición. Me permito sugerir que se provean a la Diócesis del mismo, lo que contribuirá en mejor y mayor formación del creyente. Pedimos que se produzca un programa con ese objetivo, y se decida la impresión de miles de ejemplares, se produzcan conferencias, foros y diálogos sobre el mismo, que nos obligue a tener a mano este instrumento para la evangelización de los bautizados con fe tibia y decaída, corroída por el relativismo y el secularismo de estos tiempos, con la seguridad que se producirán abundantes frutos para la gloria de Dios.   NOV 2012.

sábado, 25 de agosto de 2012

PALABRA DE VISA 26 de agosto 2012


            “Palabra de Vida”                                                Franciscanos de María  
          DOMINGO XX: Defender a Jesús y permanecer en Él
(Jn 6,66-70): "Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con Él. Entonces Jesús les dijo a los doce: ¿También vosotros queréis marcharos? Simón Pedro le contestó: Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos. Y sabemos que tú eres el Santo, consagrado por Dios".
La pregunta dolorida de Jesús a sus apóstoles, sobre la que meditamos este domingo, es efectuada por el Señor al ver que la gente que le seguía se había ido yendo cuando Él dejó de ser un negocio para ellos. Esa misma pregunta nos la hace cada día a cada uno de nosotros y se la hace a todos los que, en alguna ocasión, movidos por alguna necesidad, se han acercado a Él en busca de ayuda. Nos dice, mirándonos con tristeza a los ojos: “¿También tú quieres marcharte, como han hecho tus amigos, como han hecho ya la mayoría de los que viven a tu alrededor? ¿también tú me dejarás cuando las cosas se pongan feas y corras riesgos por estar a mi lado? ¿también tú te irás cuando ya no puedas sacar nada de mí o cuando no entiendas algunos de mis planes?”.
Ante estas preguntas, no basta con una respuesta fácil ni retórica. No es suficiente decirle sólo con la boca: “Señor, aunque todos te abandonen yo no lo haré”, como dijo Pedro la noche del Jueves Santo poco antes de negarle tres veces y oír cantar el gallo. Tampoco basta con tratar de contentarle diciéndole que ya vamos a la misa dominical o que damos alguna limosna. Tenemos que asegurarle, con toda la sinceridad de que sea capaz nuestro frágil corazón, que queremos estar a su lado en lo bueno y en lo malo, como hacen los verdaderos amigos. Tenemos que asegurárselo no sólo con palabras, sino con obras. Con obras que, por amor a Él, estamos ya haciendo y vamos a seguir haciendo, aunque no tuviéramos más recompensan que proporcionarle a Él un poco de alegría.

 PROPÓSITO: Traicionar a Jesús, irse de su lado, significa negarle cuando otros le critican o marcharse cuando otros se van. Debemos hacer lo contrario: salir en su defensa y quedarnos.                      

PALABRA DE VIDA 19 de agosto 2012


            “Palabra de Vida”                                                Franciscanos de María  
                   DOMINGO XX: Comulgar para vivir en Él
(Jn 6,53-57): "Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros... El que come mi carne habita en mí y yo en él".
            Cristo se nos ofrece como verdadera comida que repone nuestras fuerzas y nos invita a “comerle”, nos invita y anima a que utilicemos el alimento que nos ofrece y que es su propio cuerpo y su propia sangre, su propia vida, Él mismo. Es decir, Jesús nos regala el don de la Eucaristía y nos pide que vayamos a comulgar. No hacerlo –cuando se está preparado para ello- es algo que va contra nuestros propios intereses. Pero tras este regalo del Señor lo que queda patente es su amor. Cristo nos ama y porque nos ama desea ayudarnos, sostenernos en nuestras luchas. Consolarnos en nuestras tribulaciones, acompañarnos en los momentos de dolor y de alegría. Cristo nos ama y la Eucaristía es una de las pruebas mayores de ese infinito amor. Sabiendo esto, debemos preguntarnos: ¿Le amamos nosotros?¿Correspondemos a su amor con todas nuestras fuerzas? ¿Le decimos que puede contar con nosotros lo mismo que Él nos dice que podemos contar con Él?.
La respuesta al amor es el amor. Por eso, aprendamos a amar a Cristo intentando tener su misma medida. Vivamos en Él, comulgando y rezando, trabajando y ayudando al prójimo, estando en gracia de Dios con la confesión. Vivamos en Él para que Él pueda disfrutar de vivir en nosotros. Vivamos con Él, con su fuerza, para poder dar la respuesta de amor que él tiene derecho a esperar de nosotros. Vivamos por Él, movidos por el agradecimiento a Él, que ha hecho tanto por nosotros. Así cumpliremos lo que decimos en la Misa: “Por Cristo, con Él y en Él, a ti, Dios Padre omnipotente, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos”.

 PROPÓSITO: Comulgar todas las veces que sea posible, pero hacerlo bien preparado. Por lo tanto, confesar si se tienen pecados graves o si hace tiempo que no se confiesa.