“Palabra de Vida”
Franciscanos de María
VII
DOMINGO ORDINARIO: Vence el mal a fuerza del bien.
(Mc 2,3-12): Viendo Jesús la fe que
tenían, le dijo al paralítico: Hijo tus pecados quedan perdonados... Entonces
le dijo al paralítico: Contigo hablo: Levántate, coge tu camilla y vete a tu
casa.
Cuando Jesús
curó a aquel paralítico del cual habla el Evangelio de este domingo, estaba
haciendo algo más que un milagro físico. Esta-ba dándonos una lección, la de
mostrarnos que hay una parálisis que se padece sin darnos cuenta y que es aún
peor que la otra. Una de sus características es que, pudiendo salir de ella, no
solemos querer que se nos cure.
Se trata de la
parálisis de aquellos que no hacen nada. Quizá no hacen nada malo –aunque eso
es prácticamente imposible-, pero sobre todo no hacen nada bueno. Hacer el bien
es salir de esta parálisis. Hacer el bien y no sólo evitar el mal o limitarse a
cumplir con la misa, ése es el objetivo y el deber de todo cristiano. Dicen,
con razón, que el mundo va mal no por el pecado de los malos, sino por el
consentimiento de los buenos, por su pasividad, por ese limitarse a mover la
cabeza en señal de desaprobación, por pasar la vida contentándose con criticar
lo que los otros están haciendo mal y sentirse con ello justificados al
comprobar que sus sentimientos son mejores.
Examinemos,
pues, nuestra conciencia. Si tuviéramos que morir esta semana, si tuviéramos
que ponernos en presencia de Dios, ¿qué diríamos a nuestro favor, qué obras
buenas mostraríamos que actuaran de abogados defensores y que hicieran callar
las acusaciones proceden-tes de las obras malas?. No olvidemos que Cristo, en
la parábola del Juicio, condena a aquellos que no han dado de comer al que
tenía hambre, sin investigar si eran o no culpables de que el hambriento
estuviera necesitado.
PROPÓSITO:
Vencer el mal a fuerza de bien. Por cada acto malo que hagamos –y tenemos que
intentar no hacer ninguno- va-mos a hacer dos actos buenos, sobre todo con los
perjudicados
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